Una imagen de una asistolia, principal causa de muertes súbitas en el deporte. |
Entre 15 y 20 deportistas fallecen en España, cada año, por muerte súbita. Según los expertos, un 90% de estos casos se producen por causas diagnosticables mediante pruebas y casos clínicos pero muchas veces, a pesar de las continuas revisiones, todavía hay muchos óbitos que se escapan a las previsiones médicas.
El ejemplo más reciente se produjo la pasada semana cuando un joven jugador de 15 años, mientras entrenaba con su equipo de fútbol en Tenerife, se sintió indispuesto y cayó al suelo sin conocimiento. El personal de la ambulancia del Servicio de Urgencias Canarias (SUC) estuvo una hora tratando de reanimar a la víctima en el mismo campo de fútbol, no se pudo hacer nada. Su padre se encontraba presente y afirmó que su hijo no padecía ninguna enfermedad ni la revisión médica por parte del equipo cadete de los filiales del Valle de San Lorenzo detectó ninguna anomalía.
Según la mayoría de cardiólogos de nuestro país, el esfuerzo, la edad o el calor no son razones para que un deportista en buena forma sufra de manera inesperada un fallo en su organismo que le haga morir en el acto o, si el cuerpo aguanta, unos días después. Esta es la única afirmación que pueden hacer muchos profesionales de la medicina, pero los casos se reproducen temporada tras temporada.
Pedro Berruezo, en el partido ante el Pontevedra CF, mientras los médicos lo reanimaban sin éxito |
Hay que remontarse hasta el 7 de enero del año 1973 para encontrar la primera muerte súbita de un deportista español. Su nombre era Pedro Berruezo de 27 años y jugaba en el Sevilla FC. Cayó en el césped víctima de un paro cardíaco y nada pudieron hacer los servicios médicos para salvarle la vida. A pesar de que semanas antes sufriera un amago de infarto, nadie le impidió saltar al terreno de juego.
Han tenido que pasar treinta y siete años para que, en el año 2010, la Sociedad Española de Cardiología (SEC), iniciara el primer estudio español de Muertes Súbitas en Deportistas, a través del cuál se intenta analizar en profundidad las causas de estos desvanecimientos relacionados con la práctica deportiva en España. El doctor Carlos Pons, miembro de la Junta Directiva de la Federación Española del Deporte y vicepresidente del Comité Científico del Congreso Mundial de Medicina del Deporte, aseguró en el XXX Congreso Mundial de Medicina del Deporte celebrado en Barcelona en el año 2008 que la población a la muerte súbita más sensible es la de los deportistas profesionales ya que “la práctica de deporte muy intensa y durante un tiempo prolongado puede provocar problemas cardíacos”.
Además, en este estudio, se advierte de que los jóvenes deportistas tienen una probabilidad 2,5 veces superior de sufrir una muerte fulminante que otros jóvenes menos activos. Al final, todo se relaciona con el tema económico. Nadie quiere hacerse cargo de los servicios sanitarios porque una revisión semanal para 25 jugadores de un equipo de fútbol supondría unos 180.000, es decir, unos 7.200 euros por jugador, una cantidad inasumible para un equipo modesto. 7.200 euros es lo que vale la vida de un joven deportista y al final nadie se siente responsable de realizar un seguimiento médico en profundidad a los deportistas. Así que todos se pasan la pelota y echan responsabilidades a otros, pero nadie hace nada y los jugadores siguen desplomándose en el campo. Esto se evidencia en que, en el fútbol profesional, en los últimos años se ha tenido que llorar la muerte de varios jugadores tanto en el fútbol español como en el internacional.
Además, parece que no se presta excesiva atención a posibles soluciones. Es el caso del Proyecto IC-LIFE, basado en un sistema de pulseras cardíacas monitorizadas para evitar la muerte súbita en el deporte.
Esta iniciativa, elaborada por el estudiante de la Universitat Jaume I Hugo Alberto Ferrer, licenciado en Administración y Dirección de Empresas y Máster en Contabilidad Avanzada y Gestión Financiera, supondría un coste de 20.000 euros. Una cifra que está muy por debajo de los 180.000 euros de las revisiones semanales. Pero, de momento, parece que nadie ha mostrado excesivo interés por comercializarlas.
Por lo tanto, ya no existe solamente la duda sobre si se pueden detectar o no los exámenes médicos estas anomalías. La gran cuestión está en que, en el terreno de juego, debería haber alguien destinado única y exclusivamente para este tipo de casos, porque muchos de los sanitarios que allí se encuentran, por una parte no tienen los aparatos suficientes, como desfibriladores que ahora se están intentando conseguir, con poco éxito parece, o no tienen las capacidades necesarias para cubrir las necesidades de ese momento. Ningún club se tendría que plantear la idea del sacrificio económico que supone llevar a cabo estos cambios, pero se está poniendo en juego, y nunca mejor dicho, la vida de personas, para las que el deporte es toda su vida.
Para conocer la opinión de deportistas de élite sobre este problema, se puede ver este vídeo.
Para conocer la opinión de deportistas de élite sobre este problema, se puede ver este vídeo.


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